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21 de abril de 2008 -- Llamémoslo la brecha de la mortalidad. Algunos estadounidenses están viviendo más que nunca. Pero muchos no sólo no se benefician del aumento en la esperanza de vida, sino que están muriendo antes.
¿Cuántos? Para una de cada cinco mujeres y uno de cada veinte hombres de los EE.UU., la esperanza de vida podría estar disminuyendo o estancada. La mayoría de estas mujeres y hombres viven en el Sur Profundo, junto al río Mississippi y por el Delta, o en Appalachia hacia la parte sureña del Oeste medio y hacia Texas.
Los hallazgos provienen de un análisis de cada condado de los datos sobre la esperanza de vida cada año entre 1961 y 1999 (el año más reciente para el que hay datos disponibles), llevada a cabo por el investigador de la Harvard Majid Ezzati, PhD, y sus colegas.
"En los EE.UU., a la gente le gusta decir que los avances son para todos, aunque a algunos más que a otros", dice Ezzati a WebMD. "Pero hay muchos estadounidenses que no ven estos avances, y algunos que en realidad están en retroceso".
El estudio muestra que de 1961 a 1983, ningún condado de los EE.UU. experimentó un declive en la esperanza de vida. Para 1983, la esperanza de vida para la mayoría de estadounidenses se agrupaba firmemente alrededor del promedio nacional. Después de ese momento, se abrió una brecha en la mortalidad, que luego se amplió.
"Algo sucedió en los 80 y las disparidades de salud comenzaron a aumentar", afirma Ezzati. "La parte que no esperábamos no sólo era que algunas personas dejaran de mejorar, sino que algunas empeoraron, mientras que los que estaban mejor continuaron mejorando".
Antes de 1983, los aumentos en la esperanza de vida ocurrían para todos los estadounidenses, independientemente del ingreso, y las disparidades entre condados declinaron. Esta amplia mejora se debió a reducciones importantes en las muertes debidas a enfermedad cardiaca y vascular.
Tras 1983, muchos condados siguieron mostrando mejoras, mientras que otros experimentaron un estancamiento, o incluso un declive, en la esperanza de vida. En general, un mayor ingreso significaba una mayor esperanza de vida, pero el ingreso no era todo. Ezzati dice que su equipo encontró previamente que los hombres blancos de bajos ingresos en los estados de las planicies del norte vivían varios años más que los hombres blancos de bajos ingresos en los estados de los Apalaches. Tomar la raza en cuenta tampoco pareció influenciar los hallazgos.
"Esto nos dice que el problema tiene que ver con cómo funcionan las políticas de salud y los sistemas sanitarios públicos en distintas partes del país, independientemente de las disparidades económicas o raciales", afirma.
La brecha en la mortalidad es mayor para las mujeres
La brecha en la mortalidad fue mayor para las mujeres. Después de 1983, la esperanza de vida declinó en 180 condados de los EE.UU. para las mujeres, y en once condados para los hombres. Permaneció estancada en otros 783 condados para las mujeres, y en otros 48 condados para los hombres.
En los condados donde la esperanza de vida disminuyó o no siguió mejorando, hubo más muertes por causas atribuibles a la obesidad, tabaquismo, e hipertensión.
Rita F. Redberg, MD, directora de Servicios cardiovasculares para mujeres de la Universidad de California en San Francisco, señala que los hallazgos son inquietantes.
"Es preocupante que en un momento en que sentimos que sabemos más y que deberíamos tener una mejor salud, que las tendencias muestren que no todos se benefician", dice Redberg a WebMD.
Redberg afirma que gran parte del problema puede culparse en el aumento de la obesidad y que la gente siga fumando.
"Vemos mayores índices de conductas malsanas entre los que están estresados", apunta. "Realmente es una preocupación, con la actual tendencia a la baja de la economía, que la gente se estresará más y los pobres serán más pobres y las conductas de salud empeorarán".
Ezzati dice que saber exactamente dónde los problemas de salud son peores debe ayudar a enfocar los esfuerzos de salud pública.
"Si tan sólo se ven las disparidades en los ingresos, es difícil saber por dónde comenzar", señala. "Pero ahora estamos evaluando áreas geográficas específicas. Esperamos que esto de a esos estados y regiones un lugar para comenzar y una manera para monitorizarlos con el tiempo y ver cómo les está yendo".
Redberg anota que la obesidad y el control del tabaco son problemas nacionales y hace un llamamiento para un aumento de los fondos para los esfuerzos de salud pública y de educación de los CDC.
"Cada vez que se reduce el presupuesto de educción del país, los programas de educación física y nutrición son los primeros en desparecer", afirma. "Realmente debemos enfatizar una dieta sana y el ejercicio, porque sabemos que estos problemas de mortalidad se relacionan a la obesidad".
Ezzati y sus colegas informan sobre sus hallazgos en la edición de abril de la revista PloS Medicine.
FUENTES:Ezzati, M. en PloS Medicine, abril de 2008; vol 5: p e66.
Majid Ezzati, PhD, profesor asociado de salud internacional de la Facultad de salud pública de Harvard en Boston.
Rita F. Redberg, MD, profesora de medicina y directora de Servicios cardiovasculares para mujeres de la Universidad de California en San Francisco.
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