La falta de vitamina D pone en riesgo el corazón

Una investigación sugiere que la deficiencia de vitamina D podría ser un factor de riesgo de enfermedad cardiaca no reconocido

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1 de diciembre de 2008 -- Recibir muy poca vitamina D podría ser un factor de riesgo poco apreciado de enfermedad cardiaca que en realidad es fácil de evitar.

Los investigadores aseguran que cada vez hay más evidencia que sugiere que la deficiencia de vitamina D incrementa el riesgo de enfermedad cardiaca y se relaciona con otros factores de riesgo de enfermedad cardiaca bastante conocidos, como hipertensión arterial, obesidad y diabetes.

Por ejemplo, varios estudios de gran tamaño han mostrado que la gente que tiene bajos niveles de vitamina D tenía el doble de posibilidades de sufrir un ataque cardiaco, accidente cerebrovascular u otro evento cardiaco durante el seguimiento, en comparación con quienes tenían niveles más altos de vitamina D.

“La deficiencia de vitamina D es un factor de riesgo cardiovascular emergente poco conocido que se debe evaluar y tratar”, señala en un comunicado de prensa James H. O'Keefe, MD, director de cardiología preventiva del Instituto cardiaco Mid America de Kansas City, Missouri. “Es fácil evaluar la vitamina D y la complementación es sencilla, segura y cuesta poco”.

La mayoría de los requisitos de vitamina D del organismo son cubiertos por la piel en respuesta a la exposición a la luz solar. Entre otras fuentes menos potentes de vitamina D se encuentran alimentos como el salmón, las sardinas, el aceite de hígado de bacalao y los alimentos fortificados con vitamina D, como la leche y algunos cereales. También es posible obtener vitamina D de complementos.

La deficiencia de vitamina D está aumentando

La deficiencia de vitamina D se relaciona tradicionalmente con la debilidad ósea y muscular, aunque en años recientes varios estudios han mostrado que los niveles reducidos de la vitamina podrían predisponer al organismo a la hipertensión arterial, la insuficiencia cardiaca congestiva y la inflamación crónica de los vasos sanguíneos (relacionada con el endurecimiento de las arterias). También altera los niveles hormonales para aumentar la resistencia a la insulina, que aumenta el riesgo de diabetes.

En un artículo de reseña publicado en Journal of the American College of Cardiology, los investigadores examinaron estudios recientes sobre la relación entre la deficiencia de vitamina D y la enfermedad cardiaca para generar consejos prácticos para la detección y el tratamiento.

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Concluyeron que la deficiencia de vitamina D es mucho más común de lo que se pensaba anteriormente y afecta a hasta la mitad de los adultos y a los niños aparentemente sanos de los EE. UU.

Los investigadores aseguran que los mayores índices de deficiencia de vitamina D podrían deberse en parte a que la gente pasa más tiempo bajo techo y a los esfuerzos por minimizar la exposición a la luz solar por medio del uso de bloqueadores solares. El bloqueador solar con un factor de protección solar (FPS) de 15 bloquea alrededor del 99 por ciento de la síntesis de vitamina D de la piel.

“Estamos pasando mucho menos tiempo al aire libre que antes. Además, los adultos mayores, las personas obesas o que tienen exceso de peso no son tan eficientes para producir vitamina D en respuesta a la luz solar”, señala O'Keefe. “Un poco de sol es bueno, pero el uso de filtros solares para protegerse del cáncer de piel es importante si planea estar al aire libre durante más de quince a treinta minutos de exposición intensa a luz solar”

Pruebas para detectar deficiencia de vitamina D

Los niveles de vitamina D se pueden medir con una prueba de sangre que busca una forma específica de la vitamina llamada 25-hidroxivitamina D (25(OH)D). La deficiencia de vitamina D se define como un nivel de 25(OH)D en la sangre inferior a 20 ng/dL. Se considera que los niveles normales están por encima de los 30 ng/dL.

Los investigadores recomiendan pruebas de detección de 25(OH)D para quienes tengan factores de riesgo conocidos de deficiencia de vitamina D, como:

  • La edad avanzada
  • Piel de pigmentación oscura
  • Exposición reducida a la luz solar por variación en las estaciones o vivir alejado del ecuador
  • Fumar
  • Obesidad
  • Enfermedad hepática o renal

La dosis diaria recomendada (DDR) actual según el gobierno estadounidense para la vitamina D es de 200 unidades internacionales (UI) diarias para personas menores de cincuenta años. Para los que tienen entre cincuenta y setenta, se recomiendan 400 UI diarias, mientras que para los mayores de setenta, la DDR es de 600 UI. La mayoría de los expertos considera que estas dosis son demasiado bajas y que una cantidad entre 1,000 y 2,000 de UI de vitamina D a diario es necesaria para mantener niveles adecuados de vitamina D. El límite superior seguro es de 10,000 UI diarias.

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Los complementos de vitamina D se consiguen en dos formas distintas, vitamina D2 y vitamina D3. Aunque ambas parecen ser efectivas para incrementar los niveles de vitamina D en la sangre, los complementos de vitamina D3 parecen lograr incrementos más duraderos.

Aunque actualmente no hay pautas para restablecer y mantener niveles saludables de vitamina D entre quienes están en riesgo de enfermedad cardiaca, para quienes tienen deficiencia de vitamina D, los investigadores recomiendan un tratamiento inicial con 50,000 UI de vitamina D2 o D3 una vez a la semana durante ocho a doce semanas, seguidas por mantenimiento con alguna de las siguientes estrategias:

  • 50,000 UI de vitamina D2 o D3 cada dos semanas
  • entre 1,000 y 2,000 UI de vitamina D3 a diario
  • La exposición a la luz solar durante diez minutos para pacientes de raza blanca (más si tienen mayor pigmentación) entre las 10 a.m. y las 3 p.m.

En cuanto se inicia terapia de mantenimiento, se recomienda volver a revisar los niveles en la sangre de 25(OH)D luego de entre tres y seis meses de complementación continua.

“Restablecer los niveles de vitamina D a la normalidad es importante para mantener una buena salud musculoesquelética, además de que podría incrementar la salud cardiaca  y el pronóstico”, asegura O'Keefe. “Necesitamos ensayos aleatorizados controlados de gran tamaño para determinar si la complementación de vitamina D en realidad puede reducir la enfermedad cardiaca y las muertes futuras”.